El desafío
El evento giraba alrededor de Franco Colapinto: velocidad, competencia, adrenalina. La activación de Quilmes tenía que estar a la altura de eso. No alcanzaba con una foto con el logo ni un juego de pantalla cualquiera. Tenía que generar tensión real, invitar a competir y hacer que cada participante quisiera ganarle al tiempo de Colapinto. Además, la experiencia debía correr sola durante toda la jornada: reset rápido, cero fricción, visualmente potente para que circulara en redes.
La solución
Sponsorealo diseñó y desarrolló una máquina de reflejos de palitos interactiva. El mecanismo: una serie de palitos irrumpen en secuencia aleatoria y el participante tiene fracciones de segundo para atraparlos o esquivarlos. El sistema registra cada reacción, calcula el tiempo promedio y lo compara en tiempo real con el benchmark que Colapinto había marcado en pantalla.
Un leaderboard en vivo convirtió cada turno en un pequeño espectáculo para quienes esperaban. La interfaz completa usaba la identidad visual de Quilmes y la estética del mundo racing. Cada ronda duraba menos de 60 segundos: el participante veía su resultado, lo comparaba con Colapinto y cedía el lugar sin demoras.
El resultado
Más de 300 personas jugaron durante el road show. La fila se renovaba sola, empujada por el componente competitivo del leaderboard y la promesa de ganarle al piloto. El contenido del juego en acción circuló de forma orgánica en redes. Quilmes tuvo una presencia de marca que no interrumpió el evento sino que lo potenció.