El desafío
El contexto era tan exigente como atractivo: el evento giraba alrededor de Franco Colapinto, uno de los pilotos argentinos más queridos del momento. Todo en ese road show respiraba velocidad, competencia y adrenalina. La activación de Quilmes tenía que estar a la altura de esa energía — no podía ser un simple juego de pantalla ni una foto con el logo. Tenía que ser algo que generara tensión real, que invitara a competir, que hiciera que el participante quisiera ganarle al crono que Colapinto había marcado.
El desafío técnico también era claro: la experiencia debía funcionar de forma autónoma durante toda la jornada, ser rápida de resetear entre participante y participante, intuitiva para todo tipo de público — y visualmente potente como fondo de contenido para redes.
La solución
Diseñamos y desarrollamos una máquina de reflejos de palitos interactiva. El mecanismo es simple en su concepto y adictivo en la práctica: una serie de palitos irrumpen en secuencia aleatoria y el participante tiene que reaccionar en fracciones de segundo para atraparlos o esquivarlos antes de que caigan. El sistema registra cada reacción, calcula el tiempo promedio y lo compara en tiempo real con el benchmark marcado por Colapinto en pantalla.
La pantalla principal mostraba el leaderboard actualizado en vivo, generando competencia espontánea entre los participantes y convirtiendo cada turno en un pequeño espectáculo para los que esperaban alrededor. Gráficamente, toda la interfaz estaba vestida con la identidad visual de Quilmes y la estética del mundo racing — colores, tipografías y animaciones alineadas al evento.
El flujo era rápido: cada participante jugaba su ronda en menos de 60 segundos, veía su resultado comparado con el de Colapinto y cedía el lugar al siguiente. Sin fricciones, sin demoras, sin necesidad de asistencia técnica constante. El sistema corría de forma autónoma durante toda la jornada.
El resultado
Más de 300 personas vivieron la experiencia de forma directa durante el road show. La máquina nunca paró: la fila se renovaba sola, impulsada por el componente competitivo del leaderboard y por la promesa de "ganarle" al tiempo de Colapinto. El contenido generado alrededor de la experiencia tuvo alta tracción en redes, con video del juego en acción circulando de forma orgánica.
Para Quilmes, la activación fue exactamente lo que buscaban: una presencia de marca que no interrumpía el evento sino que lo potenciaba, que generaba datos de interacción reales y que dejaba una huella memorable en cada participante. Para nosotros, fue una prueba más de que la mejor activación es la que le da al público algo que hacer — no solo algo que mirar.